La declaración del llamado Consejo de Paz en Gaza de que “no hay lugar para la UNRWA en la nueva Gaza” ha generado fuertes interrogantes sobre el futuro de los refugiados palestinos y sus derechos reconocidos internacionalmente.
El consejo publicó en la red X que no contempla un papel para la UNRWA en el futuro del enclave, afirmando que busca poner fin a la “dependencia continua de la ayuda” y señalando que “la población de Gaza merece más”.
El Consejo de Paz en Gaza es una autoridad administrativa transitoria con personalidad jurídica internacional, encargada de establecer un marco y coordinar la financiación para la reconstrucción del territorio. Forma parte de un plan presentado por el presidente de Estados Unidos Donald Trump el 29 de septiembre de 2025, posteriormente respaldado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Analistas y activistas sostienen que los llamamientos a eliminar la UNRWA y sustituirla por nuevas estructuras reflejan, según su visión, un alineamiento con la narrativa israelí. Advierten que ello podría transformar la cuestión de los refugiados palestinos de un asunto político y legal basado en el derecho internacional a un expediente meramente humanitario y económico, debilitando así el derecho al retorno establecido en la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU.
Otros consideran que se trata de un intento de desmantelar las instituciones internacionales encargadas de los refugiados palestinos y de reducir el papel político de la UNRWA como principal símbolo del reconocimiento internacional continuo de sus derechos.
También se han dirigido críticas al propio Consejo de Paz, al que algunos acusan de reproducir políticas israelíes orientadas a redefinir la realidad de Gaza, debilitar las instituciones internacionales y marginar los marcos de la ONU en el tratamiento de la القضية palestina.
Algunos críticos afirman además que el Consejo habla en nombre de los palestinos sin consultarlos ni incluir a sus representantes, calificando este enfoque de paternalista.
Activistas advierten que eliminar la UNRWA supondría un paso hacia la liquidación del expediente de los refugiados y del derecho al retorno, recordando que la agencia ha proporcionado durante décadas educación, salud y ayuda humanitaria a millones de refugiados palestinos.
Por otro lado, defensores de la UNRWA sostienen que no es solo un proveedor de ayuda, sino un testimonio internacional de un problema pendiente hasta que se alcance una solución justa conforme a las resoluciones de la ONU.
Estos desarrollos ocurren mientras la UNRWA enfrenta desafíos sin precedentes, incluidas restricciones operativas y una grave crisis de financiación, en medio de una profunda crisis humanitaria en Gaza.
Mientras Israel considera que la agencia forma parte del problema, la ONU y numerosos países donantes insisten en mantener su mandato, señalando que cualquier cambio debe formar parte de un acuerdo político integral y no de medidas unilaterales.