Un estudio científico reciente ha identificado un hundimiento progresivo en algunas zonas de la ciudad santa de La Meca, atribuido a la explotación intensiva de las aguas subterráneas. El fenómeno registra una tasa media de aproximadamente 4 centímetros al año, con máximos de hasta 15,2 centímetros en algunas áreas, según mediciones basadas en imágenes satelitales entre 2016 y 2025.
El estudio, realizado por el investigador Yahya Makki del departamento de Geomática de la Facultad de Arquitectura y Planificación de la Universidad Rey Abdulaziz y publicado en la revista Civil Engineering Journal, señala que el fenómeno está relacionado con la compresión de capas sedimentarias saturadas de agua cuando desciende el nivel de los acuíferos debido al bombeo intensivo.
Según el estudio, la región de La Meca depende en gran medida de las aguas subterráneas para el abastecimiento de agua potable y la agricultura, mientras que el consumo supera la capacidad de recarga natural, lo que aumenta el riesgo de compactación del suelo en determinadas zonas.
Los resultados muestran que los mayores niveles de hundimiento se registran en áreas que incluyen la formación de Al-Abassah y las unidades rocosas de diorita–piroxenita, que están asociadas a un aumento de la subsidencia cuando se intensifica la extracción de agua.
La formación de Al-Abassah, situada al este y sureste de La Meca, está compuesta por antiguas capas sedimentarias de arenisca, arcilla y grava. Posee una alta capacidad de almacenamiento de aguas subterráneas, pero también es más vulnerable a la compresión cuando se sobreexplota.
Las rocas de tipo diorita–piroxenita, entre las formaciones geológicas más antiguas del oeste de la península arábiga, presentes en el escudo árabe y en las zonas montañosas circundantes, contienen fracturas y fallas naturales que almacenan agua subterránea. Sin embargo, la reducción del nivel del agua puede alterar la distribución de tensiones en la roca, provocando movimientos locales o hundimientos progresivos.
El estudio aclara que este fenómeno no representa un riesgo inmediato para la ciudad de La Meca, ya que se desarrolla de forma gradual y depende de la geología local y de los niveles de extracción, bajo supervisión de las autoridades competentes.
Los investigadores utilizaron tecnología de radar de apertura sintética (SAR) a bordo de los satélites Sentinel-1A y Sentinel-1B de la Agencia Espacial Europea, capaz de detectar cambios en la superficie terrestre con precisión milimétrica.
El análisis de nueve años permitió correlacionar las variaciones del terreno con los volúmenes de extracción de agua subterránea, confirmando una relación directa entre el bombeo excesivo y el hundimiento.
Los expertos señalan que el estudio representa un avance en el uso de la teledetección, al combinar datos satelitales con información geológica e hidrológica para mejorar la vigilancia de fenómenos del terreno.
El estudio propone varias soluciones, entre ellas programas de recarga artificial de acuíferos mediante agua de lluvia o aguas tratadas, con el fin de restaurar la presión subterránea y reducir la compactación del suelo.
También recomienda modelos digitales de gestión de extracción de agua subterránea, con límites de seguridad por pozo, así como sistemas de monitoreo continuo mediante radar satelital para detectar cambios tempranos.
Finalmente, subraya la necesidad de reducir la dependencia del agua subterránea en la agricultura, ampliar el uso de agua desalinizada y tratada, y adoptar técnicas de riego modernas para preservar los acuíferos y reducir los riesgos de hundimiento a largo plazo.