Cómo Berri construyó las ecuaciones que evitaron la guerra civil

2026.06.30 - 10:40
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 Líbano está herido, pero sigue en pie. Lo suficientemente fuerte para resistir y potencialmente capaz de enfrentar a Israel si logra preservar su cohesión nacional y recuperar un proceso de decisión política independiente. No se trata de retórica política, sino de una lectura de un equilibrio de poder complejo que continúa evolucionando sin colapsar.

En 2026, Líbano se encuentra en una encrucijada definida por decisiones estratégicas más que por consignas. En este contexto, el presidente del Parlamento Nabih Berri aparece como un actor político que prefiere construir ecuaciones de equilibrio en lugar de buscar titulares.

El enfoque de Berri combina relaciones con países árabes, un compromiso pragmático con Irán y canales abiertos con Europa. En un país tan frágil como Líbano, esta posición es menos una elección que una necesidad.

Al mismo tiempo, la postura política y militar de Hezbollah parece cada vez más difícil de conciliar con el interés nacional libanés. El grupo puede reivindicar su papel como escudo frente a Israel, pero ese escudo es cada vez más vulnerable. Separado de las instituciones del Estado, corre el riesgo de convertirse en una fuente de inestabilidad más que de protección.

Según esta visión, la única salida sostenible sería su integración dentro del Estado libanés en lugar de su existencia paralela. Esta transición no sería una rendición, sino una transformación en la que las instituciones nacionales se convierten en el marco de la defensa y la resistencia.

Este análisis no se basa en lealtades hacia Arabia Saudita o hacia Berri, sino en lo que se presenta como una lectura realista de las circunstancias actuales del país.

Potencias regionales y futuro de Líbano

¿Quién ayudó a evitar la fragmentación de Siria?
Arabia Saudita y Turquía.

¿Quién podría ayudar a evitar la fragmentación de Líbano?
Arabia Saudita, Turquía y Egipto, junto con el Ejército libanés, en un marco respaldado por todas las partes interesadas en la estabilidad nacional.

Ninguno de estos países buscaría, según este análisis, convertir Líbano en un protectorado israelí.

Sin embargo, queda una pregunta: ¿por qué algunas plataformas mediáticas financiadas con capital del Golfo difunden narrativas alineadas con objetivos israelíes?

Una interpretación es que, aunque la financiación sea regional, las líneas editoriales responderían a dinámicas políticas y de seguridad más amplias que trascienden el mundo árabe.

La batalla por el sur del Líbano

Desde esta perspectiva, Israel y sus aliados internos no buscarían un alto el fuego temporal, sino un acuerdo permanente para institucionalizar una zona de seguridad al sur del río Litani y transformar la realidad militar en hechos políticos sobre el terreno.

Este proyecto se basaría tanto en presión militar como en dinámicas internas destinadas a limitar cualquier capacidad libanesa de desafío bajo el argumento del pragmatismo.

Es aquí donde el papel de Nabih Berri resulta clave.

Su estrategia habría consistido en mantener relaciones con Arabia Saudita, sostener el diálogo con Egipto y Turquía, y preservar canales directos con Teherán fuera de las estructuras partidarias tradicionales.

Sus defensores afirman que este enfoque ayudó a evitar una escalada interna y redujo la probabilidad de confrontación directa entre actores regionales dentro del Líbano.

Equilibrio entre fuerzas en competencia

La fórmula política de Berri se basaría en una estrategia de doble vía.

Por un lado, el contacto con Irán ayudaría a contener posiciones más radicales dentro del entorno chií libanés. Por otro, la relación con países árabes crearía un contrapeso frente a la presión de Washington y Tel Aviv.

El resultado sería una ecuación diseñada para evitar que las disputas sobre el armamento de Hezbolá se transformen en una guerra civil.

En lugar de una capitulación política, este enfoque habría mantenido el apoyo al eje de la “resistencia” mientras construía intereses compartidos entre Irán, Arabia Saudita, Egipto y Turquía.

Más que un líder parlamentario

La influencia de Nabih Berri va más allá de su cargo constitucional.

Sigue siendo una figura con capacidad de movilización en un entorno social y político con fuerte base popular. Sus defensores sostienen que esa influencia podría, en determinadas condiciones, reforzar el papel del Ejército libanés como garante de la estabilidad interna.

Al mismo tiempo, la presión militar en el sur coexiste con el rol del ejército como garante del orden interno, pese a los debates sobre sus capacidades.

Una estabilidad frágil pero persistente

Líbano atraviesa uno de los periodos más difíciles de su historia moderna.

Pero, paradójicamente, sigue siendo resiliente.

Resiliente porque las bases de la convivencia aún existen pese a las profundas divisiones.

Resiliente porque algunos actores políticos entienden que la supervivencia no depende de consignas, sino de ecuaciones políticas cuidadosamente construidas para evitar el colapso.

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